Breve reflexión en relación a
las TICS
En una perspectiva histórica, y guiándonos a través de la
investigación de Philippe Aries, “la
juventud es el período destinado a la
educación para la vida activa, y en la sociedad moderna la educación es
la base del desarrollo. ... El foco debe estar en la nueva relación histórica
entre individuo y sociedad, que se desarrolló en el siglo XVIII en la era
pre-industrial y, más tarde, en la sociedad industrializada. ... La juventud
fue la respuesta al desarrollo productivo de la sociedad burguesa. El individuo
burgués tuvo que desarrollar sus potencialidades individuales para encarar la vida
productiva y política y para administrar sus propios intereses en esta vida. La
juventud se desarrolló en el sistema escolar, que se volvió el principal agente
del `desarrollo de las potencialidades individuales’. ... La vida escolar es el
contexto básico o crucial de la juventud”.2 Así vemos que, además, está
inscripta en una relación de poder.
Según Ariés, “la construcción social de la juventud requería
la aparición de otros conceptos: la familia o el espacio familiar y la
infancia, verificables recién a partir del siglo XVII y solo en el seno de las
clases altas durante su etapa inicial. Junto a la infancia, aparecerá una
institución: la escuela. Infancia, familia y escuela permanecerán firmemente
relacionadas.” La familia, “conformará un nuevo sistema de relaciones sociales
que aparece casi como respuesta a la pérdida de la posesión de la tierra. Este
sería uno de los puntos de partida para el surgimiento de la familia burguesa.
Por otra parte, “solamente cuando la estructura social hace
posible los lazos directos entre los adolescentes, pueden estos desarrollar el
sentimiento de particularidades propias y de una conciencia común... En los
tiempos modernos, es únicamente la escuela la que, al distribuir a los jóvenes
estrictamente según su edad, los aproximó y estableció entre ellos contactos
estables e institucionales. Esta separación del mundo de los adultos explica el
hecho de que en el círculo de jóvenes se expresaran y fortificaran las
tendencias específicas de una misma edad, lo cual no podría tener lugar antes,
ni podía haber sido imaginado por los jóvenes de ese tiempo. A esta conquista
de libertad social, correspondió una nueva tendencia de los adultos a
considerar tanto a los niños como a los jóvenes de acuerdo con su edad exacta,
lo que entrañó en pedagogía la especificación de los programas y los métodos y,
de una manera más general, llevó a reconocer una cierta personalidad propia”.5
En consecuencia, “la juventud surge en la medida en que el
desarrollo social exige un período cada vez más largo de preparación de los
individuos para su integración a la vida productiva y social, lo que a su vez
posibilita una mayor integración intrageneracional, a partir de la estrechez de
contactos y vínculos, producto de su situación semejante. Este período vital,
caracterizado por el aplazamiento de la entrada en la vida productiva y social,
Para algunos filósofos posmodernos, como Gilles Lipovetsky,
la sociedad posmoderna está sostenida por el consumo y la comunicación. En el
nuevo narcisismo, “el individualismo posmoderno”, se caracteriza por el impulso
de los deseos de autonomía individual, un repliegue de las personas sobre sí
mismas, en persecución de sus intereses privados a fin de lograr una mejor vida
para ellas mismas, del culto al cuerpo, a las relaciones y al placer16. Todo
expresado en un conjunto de nuevos valores. Visto de este modo, se trataría de
un cambio social y cultural, que encarna un neohedonismo fin de siecle, al que
no habría mucho que reprocharle17. Un aporte interesante de Lipovetsky, es su visión de la emergencia pública de este
nuevo individualismo en los sucesos de mayo del 68. Esta interpretación
ochentista, producida a cierta distancia de los hechos y desprovista ya del
apasionamiento político, señala que, en aquellas jornadas de fuertes gestos
revolucionarios, contra la sociedad de consumo, un régimen paternalista y la
burocratización capitalista; junto a la muy ostensible e intensa actuación
colectiva, y principalmente juvenil, no menos cierto es que “el movimiento se
caracterizó por reivindicaciones y valores de esencia individualista que han
pasado, frecuentemente, inadvertidos”.
En relación a los tiempos de cambio el autor enfatiza que “a partir de los cambios sobre los que venimos
exponiendo y, en particular, la nueva socialización a que están sometidas a
todas las vidas, generada por la omnipresencia avasallante de los medios, e
inclusive el ingreso a la escuela media de muchos jóvenes de sectores
anteriormente excluidos de esta institución, el panorama, afirmamos, ha
cambiado radicalmente. Estos jóvenes, adquieren una condición juvenil,
ciertamente diferenciada de la de los jóvenes de clase media, pero no puede hoy
seguir diciéndose, ya sea porque participen del mercado de trabajo, ya sea
porque no asistan a la escuela, que se trata de adultos menores sin juventud”.
A modo de síntesis podemos afirmar que las nuevas tecnologías
en las comunicaciones conforman un set de sistemas y metodologías en relación al
dialogo, potenciando las distintas
formas de interacción social, actualmente las tecnologías conforman una gama de
nuevos signos en el transporte de información, y las aulas son el espacio de aplicación.
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